Pedro Cifuentes visita los Alpes

Ya queda muy poco para que vuelva a Pakistán, en breve sacaré los billetes y comenzaré a prepararlo todo, aunque la preparación mental y física empezó hace meses. Ahora estoy ultimando detalles y probando algunas cosas nuevas que voy a llevar en mi equipo, y que mejor para ponerlo a prueba que irse a Suiza y seguir con la preparación. Estuve hace unos días en los Alpes Berneses en el macizo de Jungfrau acompañado de Jaime Moreno, compañero del equipo Rab.
Estuvimos moviéndonos entre tres míticos picos como son el Eiger, “Ogro” (3970 m), acompañado del más alto de los tres, el Jungfrau “Doncella” (4158 m) y a los que, como cuenta la leyenda, se les colocó en medio otra prominente montaña conocida como “El Monje”, Mönch (4107m), supongo que para proteger a la Doncella del Ogro…

 

El Mönch fue nuestro objetivo en este viaje, ya que la mala meteo no nos dejó mucha opción, y ascendimos a él mientras probábamos material y como no, donde estuve volando el nuevo dron que me voy a llevar a mi expedición. Todo salió perfecto aunque hubo tramos en los que las condiciones no eran las mejores, hubo momentos comprometidos, risas, un poco de todo….pero sobre todo buen ambiente…el día que deje de pasármelo bien dejo de escalar, eso está claro.

 

 

La lluvia nos recibió en Lauterbrunnen cuando por fin llegamos tras haber salido el día anterior desde Madrid y haber atravesado media España y parte de Francia. Pero claro, la lluvia es parte esencial de esa región de Suiza… Y haciendo honor a esa fama de montañas asediadas por las tormentas y los frentes, no podía ser de otra manera, la lluvia, la nieve y el viento nos acompañaron durante toda nuestra estancia en las montañas.

Tras dos días revisando meteo, condiciones y opciones de escalada, nos decidimos por alguna arista, que sería lo más seguro viendo la cantidad de nieve fresca que había acumulada en la zona de cumbres… Así que nuestros proyectos de encadenamientos, caras norte y varias cumbres en el bolsillo los tuvimos que dejar para la siguiente visita al macizo del Ogro.

 

Aprovechando una ventana de dos días y medio de buen tiempo (y los suizos falan poco) cogimos uno de los trenes más caros de Europa que nos depositó en el Jungfraujoch (collado del Jungfrau) a más de 3500m de altura. Desde allí y tras el turismeo pertinente nos calzamos los esquís y buscamos un lugar bajo el Mönch donde plantar nuestra tienda. Tras barajar varias opciones de vivac y de escalada en el refugio Mönchjochhutte, donde entramos para resguardarnos del fuerte viento, volvimos a poner las tablas bajo nuestros pies y colocamos la tienda bajo un espolón rocoso bajo la arista que había sido la vía elegida para intentar la cumbre del Monje (Mönch).

Una escalada que debía suponernos poco tiempo y esfuerzo se convirtió en una pesada lucha con la nieve inestable, las cornisas, la nieve polvo sobre los pasos de roca y nos obligó a sacar la cuerda en varias ocasiones… Cuerda que por otra parte era más un “por si acaso” que otra cosa, ya que en ese tipo de terreno y condiciones la seguridad de la cordada la proporciona la habilidad, técnica y capacidad de cada miembro de la misma…

 

Tras cuatro horas de ascenso alcanzamos la afilada cumbre, contentos por la misma y por estar solos en la montaña, saboreando esa sensación de satisfacción que da el pisar una cumbre bella y solitaria en buena compañía.

El descenso transcurrió sin sobresaltos y con un rápel en la parte rocosa y empinada de la arista. Aunque seguimos unidos por la cuerda hasta donde acababan las dificultades.

 

Ya de regreso en la tienda nos dimos el abrazo final, aquel que confirma la seguridad plena del equipo. Porque a parte de las cumbres y su estética, en estos viajes se busca también la belleza personal y la compenetración con tu compañero. Cosas que se dieron más que de sobra en nuestra expedición…

Volved, volved siendo más amigos y por último volved con la cumbre. O algo así decía un famoso alpinista…

JAIME MORENO MONTES Y PEDRO CIFUENTES